Jesús es nuestro salvador. Se hizo cargo de la mayor de nuestras desventuras, que ha sido la de nuestros pecados. A él debemos confiar la carga de nuestros sufrimientos.
Si dejamos en Jesús la carga de dolor y pena, de trabajo y larga espera que nos aflije, dirigirá entonces nuestros pasos y nos librará de ella llevándonos a buen puerto.
Jesús da. Jesús sostiene. Jesús es guía. Jesús calma. Jesús es el descanso de todo humano.
Jehová, nuestro Creador, nos espera. Y a él debemos llegar de manos de Jesucristo.
Amén.
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