Podemos con nuestros actos contribuir a que Dios esté más presente en cada rincón de nuestro mundo. Es algo sencillo y a la vez luminoso, especial.
En efecto, si nos activamos en la misión critiana de dar amor al prójimo, Dios se dejaría sentir más cada día y en el lugar donde nos encontremos. Y es que Jehová siempre ha de estar en ese lugar donde estamos dando una ayuda a una persona necesitada, donde seamos generoso, donde oientemos a un confundido, donde perdonemos un mal, donde dejemos que alguien isfrute de nuestras propiedades.
Sí, Dios se manifiesta allí y en el momento donde le damos la mano a un enfermo, a una viuda, a un niño hambriento. Está donde seamos buenos, dignos, pacíficos y comprensivos.
Fomentemos la presencia de Dios dando lo bueno que ncesita el otro, de aquello que el Seños nos entregó en privilegio.
Amén.
lunes, 15 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)