lunes, 24 de enero de 2011

Lo que nadie te puede arrebatar


Es el ocaso. Miramos a través de la tarde moribunda y alcanzamos a ver allá. Al fondo que representa el horizonte, sombras altas, bien formadas. Todas ellas se irán un día, dejarán de ser para nosotros. La muerte se las llevará con nuestra propia vida.

Así, viviendo como vivimos, son muchas las cosas que las circunstancias y las gentes nos irán arrebatando. Perdemos logros una vez alcanzados a fuerza de dolor. De disciplina férrea. Nos pueden robar también el dinero ganado. Las propiedades certificadas también se pueden ir. Nos roban además los besos de la boca ansiada. Los derechos ciudadanos. Las ilusiones y esperanzas. Los hijos. El lápiz con que una vez describimos al primer amor. Hasta la ruta de los sueños nos suelen hurtar.

Sin embargo, lector, hay algo que no nos podrán quitar. Algo que nadie osará arrebatarnos. Es inasible pero patente. Se siente y da impulso. Se goza. Insufla vida. Plantea futuros. Ilumina y da paz. No pide más que disfrutemos ese respaldo que proporciona. Ese amor tranquiliza, ese único amor que no traiciona.

¿Dónde está, en qué lugar se encuentra? Se habla de él en tantos libros ignorados aún por muchos. Y es que su brillo ofusca. Tiene una fuerza que requiere de nosotros pasión y entrega comparables. Es algo pleno. Hagamos el esfuerzo necesario por captarlo: es lo único que no nos pueden arrebatar.