En el mundo, en ninguna sociedad de hoy, existe ningún movimiento de
personas más fuerte y creciente que el cristianismo.
Ninguna persona es más convencida de su condición que un cristiano.
Ser cristiano es una realidad nueva y tradicional a la vez, pues cada
nuevo cristiano suma novedad al movimiento, y se alimenta de su tradición y
fortaleza.
La cabeza del cristianismo es un ser cada vez más vivo y manifiesto
entre sus seguidores.
No hay nada más propio de un ser humano que el amor de Cristo.
Jesús murió por razones propias de todo hombre, que atañen a toda la
humanidad.
Seguir a Jesucristo es una motivación interior de todos. Si está dormida
en alguno, al saber de El, al conocerle, se despierta y nunca más vuelve a
dormir, pues se queda activa para siempre, y si no logra situarnos en el lugar
de justicia a que nos invita, nos mantiene siempre la conciencia del extravío
en que nos encontramos.
Jesús es el motor de nuestra vida, si falla, es lógico que se reme hacia
atrás.
El mundo actual, en lo que tiene de anticristiano, hace notar el
retroceso
y la barbarie, la sinrazón y sus consecuencias de dolor y llanto, de
hambre,
de perturbación y desamaor.
Sólo el amor de Cristo salva. Su luz es la antorcha que todos debemos
llevar.